Ayer estaba sentada en café barista cuando cuatro puticas se sentaron en la mesa de al lado. Con sus cuerpos perfectamente marcados por las dos horas diarias en el gimnasio, las dietas estrictas y una cantidad equis de sexo con extraños que las enmarcaba perfectamente en lo que se vuelve la vida cuando todos los caminos se acaban.
Yo mientras tanto estaba leyendo la página 23 de las 49 que me quedaban por leer sobre traducción financiera y no estaba de bueno humor. Una de ellas, la que tenía nariz aguileña y cuerpo menudo comentó que tenía ganas de un cigarro. A lo que su amiga de los ojos de búho le contesto:
— hay mano si querés fumar dale.
— es que no sé si se puede vos, le dijo la flaca.
Así que una del cuarteto se levantó a preguntarle al cajero y claro éste le respondió que estaba prohibido fumar en áreas en donde hubiese techo y pared.
— Aguanta, me dijo que no se puede. A mi me vale, a ver pásame una chenca. Y la prendió.
Para todo esto, con el dolor de cabeza que cargaba encima, el estres de los asuntos que tenía que terminar esa noche y por último el asqueroso olor del cigarro (payasos after hours) que estaban fumando me dio el empujón que necesitaba para improvisar un poco de personalidad. Así que me levanté y dije lo siguiente:
— Disculpe señorita, pero usted está infringiendo la ley. Guatemala ahora cuenta con ambientes libres de humo de tabaco y por lo tanto usted está faltando en éste instante al decreto 78-2008, firmado el nueve de diciembre de dos mil ocho.
— Y a usted qué re putas le importa.
— Me importa, y mucho. Yo estoy encargada de presentar las denuncias el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social así que si me permite, voy a ir a traer mi identificación para que vea que yo no la estoy chingando y ahorita mismo quiero que se larrrrrge de aquí si es que no quiere que la sancione a usted y sus amiguitas con la paga de diez salarios mínimos agrícolas por cabeza.
Así que fui al carro a traer el cargador de mi compu y al regresar el cuarteto ya no estaba. Dejando olvidado el té chai, un panini de nutella y otro capuchino sin dueño ni reclamante. Aún podía verse cómo ascendía el humo del cigarro tirado en el piso. ---- Buen provecho [para mi], supongo.