Javier

21 junio 2010
Entramos al bar-discoteca. Era tarde y recién se ponía interesante la música. Había todo tipo de gente, gente que estudia o estudió conmigo en algún punto. Yo estaba bailando con mis amigas. Recuerdo que me había pasado un par de copas y se me cayó un vaso, aunque desde mi perspectiva me empujaron y por ende lo boté. Risas, hubo muchas risas. Había un ritmo desenfrenado en la atmósfera. Para ese entonces todavía se podía fumar dentro de un edificio con techo y no te decían nada si te inyectabas ahí mismo en los sofás. Fuimos al baño acompañándonos unas a otras, es una costumbre de mujeres, aunque no me agrade mucho. Una tipa con tacones de aguja y plataforma vomitaba en el inodoro. El baño no tenía ventilación y entre el asco y la lástima oíamos cómo la amiga de aquella pobre mujer que vomitaba le insinuaba que era una puta. Le preguntaba si era cierto que salía con dos tipos para hacer todo tipo de cochinadas. Salimos y no logré escuchar la respuesta. Esa noche estaba J. ahí con el pelo revuelto, su camisa negra arrugada y un pantalón medio roto. Esa noche Javier me besó y no sabía yo si realmente pasaba. Podía sentir las miradas de mis amigas en la espalda. Susurraban. Cuando terminó la fiesta le dije que aquí no había pasado nada, que no quería que creyera que pasaría algo más. Desconcertado me ofreció que nos juntáramos a ver películas en su apartamento y como para cerrar el trato me dio su tarjeta de Blockbuster. Insistió en que la tomara y lo hice por cortesía, claro. No es que quisiera verme reflejada en la mujer del baño, es sólo que quería compartir un poco de soledad. Hoy encontré la tarjeta de Blockbuster en mi antigua billetera, han pasado tres años. Lo llamé por la tarde para que nos juntáramos en la noche para visitar el bar que queda cerca de su casa. Funcionó.

1 rastros:

David Lepe dijo...

esas no-tan-viejas memorias.
me gustó.

luego son: